Sanitas, compañía prestadora de seguros médicos, ha publicado una serie de consejos para tratar la rotura del ligamento cruzado de rodilla. En su web, explica que los ligamentos cruzados son dos estructuras que se cruzan en el interior de la rodilla, que unen la tibia con el fémur y proporcionan estabilidad en los movimientos de extensión y flexión. La rotura de estos ligamentos se produce por un cambio brusco de dirección de la rodilla, una desaceleración exagerada o una contusión.

Los síntomas más frecuentes de la rotura son un chasquido, intenso dolor en la zona, dificultad cuando trata de apoyar la pierna, llegando incluso a no poder usarla para desplazarse, inestabilidad en la articulación de la rodilla, cierta inestabilidad en la marcha o un derrame de sangre en las 24 horas siguientes de la lesión.
Una vez diagnosticada la rotura, y en caso de existir signos radiológicos de fractura o de laxitud articular, se recomienda una intervención quirúrgica. Hasta el momento de la cirugía, se deben tener ciertas precauciones para evitar la hinchazón de la zona,tales como:
Si la intervención se atrasará más de siete días, entonces es recomendable realizar los trabajos de rehabilitación en la zona, para evitar la atrofia de la articulación y reforzar la musculatura de la rodilla. También está permitido practicar natación o bicicleta y emplear la electroestimulación.
La intervención quirúrgica más propicia es la artroscopia, ya que produce menos dolor, rigidez e hinchazón. En el caso de la rotura del ligamento cruzado, las técnicas utilizadas más comunes son autoinjertos (con huesos y tendones del propio paciente) o aloinjertos (con tendones obtenidos a partir de un cadáver).
El tratamiento de recuperación post operatorio puede durar entre cuatro y seis meses y es el siguiente:
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