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Escrito por angie el 30 enero, 2012

En La Coruña, un especializado de la sanidad privada atiende, de media, 22 días después de llamar para pedir cita. En casos excesivos se ha llegado a recibir al paciente a los siete meses.
En Madrid, la media es de nueve días, con una espera máxima de dos meses, según el estudio de la OCU.
La diferencia en los tiempos de espera entre la sanidad pública y la privada depende de la especialidad, pero también de la localidad donde resida el paciente. Y hay casos en los que la pública es más rápida que la privada.
Y los precios no son algo superficial. Una prima para un hombre soltero de 30 años cuesta en Asisa 708,72 euros al año; en el caso de la mujer, 752,52. En IMQ la cuota es fija y algo más barata, 707,64 euros anuales.
Por lo general, las tarifas se igualan bastante y están muy por debajo de lo que las comunidades autónomas invierten en cada ciudadano. Baleares, que es la que menos recursos destina de toda España, se deja en salud 1.003,32 euros anuales por persona, cien euros menos que Madrid.
El problema económico está afectando de lleno a la Seguridad Social. La sanidad es la cuarta inquietud de los españoles en el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del mes de noviembre.
Los recortes en Cataluña, donde se ha llegado a plantear la privatización de parte del servicio; el desprecio o el debate del copago en muchas regiones son algunas de las noticias que preocupan a los españoles.
La calidad del servicio público está claramente relacionada con el dinero que destinan las regiones a mantenerlo. Canarias, Madrid y Valencia permanecen desde hace seis años en los últimos puestos del informe anual de la FADSP.
Son, después de Baleares, las regiones que menos invierten en sanidad. Además, desde 2004, Valencia destinó 1.078,95 euros por persona al sistema público, ha ocupado el último puesto en siete de los ocho años estudiados.
Pese a esto, cuando alguien contrata un seguro privado, frecuentemente, está contento con los servicios que recibe. Entre los usuarios de la privada, el grado de satisfacción oscila entre el 69% y el 79%, según las aseguradoras.
Unos puntos por detrás de la pública, que cumple para el 76,6% de los pacientes en Valencia, el mínimo nacional, y para el 91,96% de Navarra, que se alza en el podio de la perfección.
Escrito por angie el 28 enero, 2012

En esa línea de primar la eficacia, Manel Peiro, experto en Organizaciones Sanitarias de la Escuela de Negocios Esade, plantea evaluar las prestaciones sanitarias. “De esta forma, podemos ver qué funciona y qué no. Y a partir de ahí empezar a hablar. Es difícil y rígido hablar de un recorte de prestaciones, pero habrá que vigilar, porque las que hay son necesarias y competentes”, indica.
Nadie contiende que hay que ahorrar y ser más eficaz. La incertidumbre es cómo hacerlo bien. Y sobre todo sin que resulte en la calidad del sistema ni en un perjuicio para la ciudadanía.
Por eso se manifiestan tantas dudas cuando se pone sobre la mesa una medida tan antigua como polémica, como por ejemplo, el copago sanitario. Una fórmula que pasa por que los ciudadanos aporten una cantidad al usar los servicios sanitarios.
España es el país de la OCDE en el que más se va al médico; una demostración habitual de los partidarios del copago, que aseguran que si no se pone coto, las cifras seguirán subiendo.
Los ciudadanos son consecuentes de que se abusa de la visita al médico. La organización del sistema, no obstante, no ayuda a lo contrario. Numerosas consultas se podrían evitar para los enfermos crónicos con el desarrollo de la receta electrónica.
“El impulso a las consultas de médicos de familia, que tuvieran más autonomía en la gestión y más capacidad resolutiva ayudaría. Evitaría derivaciones al especialista, pruebas inútiles y visitas innecesarias a urgencias”, registra la coordinadora de Política Sanitaria del PP.
Por no hablar de la necesaria reforma del sistema de bajas, que exige a alguien que ya sabe que estará ausente de su trabajo durante tres meses a renovar y recoger los papeles cada 15 días.
Sin embargo muy peleado, el copago es una medida impopular que los políticos temen aceptar abiertamente. Lo han hecho pocos, la mayoría en el ámbito autonómico. Y si lo han hecho a nivel estatal, como el que fuera secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, han tenido que retroceder. “No estamos hablando de copago, sino de repago. Los ciudadanos ya financian la sanidad a través de sus impuestos”, expone Llamazares.
Pero la medida, que ya aplican otros países de Europa con otros resultados, se analiza, FAES, la fundación que preside José María Aznar, está fabricando por encargo de Mariano Rajoy un informe que estudiará la viabilidad de la medida.
El secretario general de Sanidad asegura que no son buenos: No es rentable. Un copago de bajo precio podría generar unos 700 millones de euros al año. Eso no es la tramitación para la sostenibilidad del sistema.
Y conjuntamente transportaría problemas porque algunas personas no utilizarían los servicios sanitarios por no afrontar el pago, lo que generaría males que a la larga sería más caro solventar. Así, el copago no convence, ni como elemento recaudador ni como fórmula disuasoria al abuso.
Del debate que produce sí surge la necesidad de remodelar el sistema sanitario para dar respuesta al cambio en la población, cada vez más superviviente. “Los servicios deben reorientarse y dejar de estar centrados en la atención de enfermos agudos para pasar a centrarse en los crónicos”, replica Sánchez-Bayle. Estos pacientes, aunque solo son el 15% del total, ocupan el 80% de las consultas en hospitales y el 15% de las camas en hospitales.
La reforma del sistema, unida a políticas de salud pública orientadas a evitar enfermedades derivadas del tabaquismo o la obesidad, cuya atención representa el 7% del gasto sanitario español, unos 2.500 millones de euros, será perceptible a largo plazo.
Pero sin vacilación ninguna la apuesta más eficaz para salvar la sanidad pública es arrojarle un esférico de oxígeno en forma de ingresos adicionales. El secretario general de Sanidad lo tiene muy claro, “Tendría que hacerse vía impuestos con afectación finalista, reforzando cualquiera de los que hoy existen, para sustentar la sanidad”, asevera.
Una razón que comparte Llamazares. “Para unos servicios públicos del siglo XXI necesitamos una fiscalidad del siglo XXI. Se podrían incrementar los impuestos generales para dirigirlos a la sanidad. Pero también que se consagrasen a ello aquellos que gravan el tabaco o el alcohol”, expresa.
Una elección que no contrariaría a los ciudadanos. Según una encuesta realizada por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria Semergen, el 76% de los españoles están dispuestos a pagar más impuestos en el tabaco y el alcohol, siempre que ese dinero añadido fuera dirigido a sufragar el déficit del sistema sanitario.
Esta medida, no obstante, no sería válida para la organización actual. Ahora mismo, las comunidades financian la sanidad pública mediante una canasta recaudada a través de impuestos que les entrega el Estado para pagar los servicios básicos como por ejemplo la educación, sanidad, dependencia.
Sin embargo, es cada autonomía la que decide qué parte de esa canasta dedica a sanidad. Un sistema que la mayoría de expertos se muestra partidario de modificar. “Que el dinero reservado para sanidad vaya para sanidad. Es necesario que el presupuesto sea finalista”, expresa Freire.
No por eventualidad, las comunidades con más gasto en este servicio por habitante como por ejemplo Navarra, La Rioja o País Vasco, son las que menos deuda tienen con los proveedores.
La receta está clara y nadie tiene dudas de que hay que aportar más fondos a un sistema que además de velar por el bienestar de los ciudadanos crea riqueza, formación, puestos de trabajo, etc. Pero aumentar los tributos se hace difícil a corto plazo y hay que buscar otras fórmulas para escarbar presupuesto.
Hace unos días, el expresidente del Gobierno Felipe González se mostraba más partidario de examinar otras vías ajenas a los recortes sanitarios, suprimir algunas Diputaciones provinciales y que ese dinero fuera dirigido a incrementar el gasto sanitario en uno o dos puntos.
Lo que está claro es que, al margen del debate sobre si es o no sostenible, la sanidad pública necesita un impulso para conservar su calidad. Y sobre todo hace falta un pacto político común que la saque de la discusión política y de ser el arma arrojadiza de unas Administraciones contra otras.
Todas las comunidades, no importa su color, tienen deudas. “España gasta en sanidad pública más bien poco o, todo lo más, lo justo. Sin embargo, estamos pasados en aeropuertos inútiles, en AVES ruinosos, en duplicidades escandalosas de Administraciones, en edificios públicos injustificables, en ineficiencia burocrática. Si hay que ahorrar hay una larga lista antes que la sanidad, la educación, los servicios sociales”, añade José Manuel Freire.
Escrito por angie el 28 enero, 2012

José Martínez Olmos, secretario general de Sanidad, expresa: pese a sus deudas, la sanidad pública es afinadamente sostenible. “Tiene un costo que el país se puede permitir asumir, sobre todo con los indicadores de salud que tenemos, que en algunas áreas nos sitúan entre los primeros países del mundo”, expresa.
La puntual de Política Sanitaria del Partido Popular, Ana Pastor, no considera lo mismo. No quita hierro a la deuda y reflexiona que es uno de los factores que, si no se reprende, aboca al sistema hacia un abismo.
“Hay que hacer frente a una deuda amontonada de 15.000 millones de euros. Si no se hace y si no se avala una política sanitaria fuerte que forme empleo y riqueza el sistema sanitario no es posible. Debemos poner en marcha grandes reformas”, considera.
El secretario Martínez Olmos no encubre que el sistema tiene un agujero, pero se resiste a dar números. “La sanidad siempre ha tenido deuda. Las comunidades, habitualmente, han tenido déficit en esto, el problema es que hay que lograr que el sistema tenga financiación suficiente para evitar esas situaciones”, expresa.
Un dictamen que comparte el portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Gaspar Llamazares, que niega cortantemente que, incluso computando el déficit, las comunidades deben solo en fármacos y tecnología hospitalaria 9.400 millones de euros, la sanidad esté en riesgo.
La carta para terminar con esa infrafinanciación es dilatado, pero las claves son simples, según los expertos, medidas eficientes de ahorro y mejor distribución del gasto; y dedicar a la sanidad ingresos adicionales.
Gobierno y comunidades han trabajado esencialmente en la primera fórmula, orientada, sobre todo, a recortar el gasto farmacéutico y de productos sanitarios. Con las recientes medidas, las Administraciones han ahorrado 1.275 millones, según Sanidad.
Una cantidad a la que hay que sumar otros 1.384 millones, procedidos del recorte en gastos de personal, se redujo el sueldo a médicos y enfermeras un 5%, igual que al resto de empleados públicos. Ambas funciones suman 2.500 millones de ahorro que parecen una bonita cifra, pero que representan solo el 5% del gasto sanitario.
A pesar de que el ahorro principal se ha logrado recortando el gasto en farmacia, Marciano Sánchez-Bayle, uno de los responsables de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública, sostiene que es indispensablemente en ese punto donde se puede seguir recortando. “España es uno de los cuatro países que encabezan la lista del gasto farmacéutico de la OCDE.
Si con el impulso de los genéricos o de controlar los fondos dedicados al marketing se sometiera el gasto al promedio de esos países, se ahorrarían 5.000 millones de euros”, explica.
Pero los recortes no han ido solo por ese lado. Comunidades como Andalucía o Galicia emplean desde hace un año la receta más básica para cuadrar las cuentas y no cubrir renovaciones ni bajas.
Algo que además hace Cataluña. Sus hospitales ya lo han notado. La reducción de médicos y servicios ha obligado a algunos a cerrar plantas y quirófanos. El Gobierno de Artur Mas (CiU) ha anunciado más estrecheces, recortará un 7% el presupuesto para sanidad, y los extranjeros no comunitarios que quieran usar los hospitales catalanes tendrán que llevar seis meses empadronados en esa región. Una polémica medida que, según los expertos, vulnera la ley de extranjería.
Llamazares, médico y presidente de la comisión de Sanidad del Congreso, opina que las políticas dirigidas a detener el gasto en medicamentos y tecnología sanitaria son importantes, pero más allá de esa porción de la tarta, asevera que hay claros márgenes de ineficiencia en el sistema que deben corregirse y que reportarían un ahorro clave. “Las enfermedades laborales no siempre son reconocidas como tal y sus costos los está pagando la sanidad pública en lugar de las mutuas”, atestigua.
Martínez Olmos reconoce ese fallo. “Se deberían gestionar mejor los accidentes deportivos o los ocurridos en los hogares, que cuantiosas veces a pesar de tener seguro, los están cubriendo los servicios de salud. Ocurre lo mismo con las enfermedades laborales. Esto puede mejorar. Hay que asegurarse de que se cobra a quien está obligado a pagar, no al ciudadano”, emplea.
Si las mutuas pagaran lo que deben por las enfermedades laborales, asegura Llamazares, esto conjeturaría una descarga de unos 5.000 millones de euros para el sistema de salud.
Escrito por angie el 26 enero, 2012

Abrigarse bien durante los días más fríos del año puede protegernos de no enfermarnos, pero no basta. Debe formar parte de un paquete de medidas preventivas más desarrollado, como por ejemplo: vacunarse en otoño de la gripe y del neumococo cuando esté indicado, tomarse la medicación de manera correcta, evitar los excesos en la alimentación y en el hábito de fumar, y salir bien abrigados a la calle.
Al mismo tiempo, las personas cardiópatas, que pueden ser más vulnerables frente a la caída de las temperaturas, deberían mostrarse muy atentas a las predicciones meteorológicas y resguardarse todo lo posible del frío.
Este descenso térmico acusado concuerda cerca de las Navidades, aunque en las últimas no ha sido así. En cualquier caso, por recomendación de la Fundación Española del Corazón (FEC), lo importante es atender a las advertencias de las autoridades y no salir a la calle cuando haga mucho frío, a menos que sea irrevocable.
Se entiende en que es un estudio del que no se pueden extraer conclusiones universales, a pesar de que se relaciona la bajada de las temperaturas con el incremento del riesgo de infarto de forma directa e indirecta.
Se ha constatado un aumento de un 20% de la prevalencia de infartos de miocardio respecto a las épocas de temperaturas más suaves, de forma global; luego habría que analizar si estos infartos se deben a una neumonía que se ha descompensado o surgen de forma aislada. Lo que está claro es que el frío causa un aumento de la tasa de infartos de miocardio.
Para la salud del corazón, es peor la temperatura fría mantenida. La prevención se basa en vacunarse, tomarse la medicación, evitar los excesos y salir bien abrigados a la calle.
Si se quiere realizar ejercicio al aire libre, hay que evitar temperaturas extremas, como las registradas a las siete de la mañana. Es mejor realizar la actividad física al mediodía o en un gimnasio.
Los pacientes con insuficiencia cardiaca o con cardiopatía congénita son mas propensos, ya que se descompensan más durante las épocas de temperaturas frías.
Es incuestionable que hay personas con factores de riesgo más elevados que otras para sufrir un evento cardiovascular (infarto de miocardio) o un accidente cerebrovascular. La época de frío es un factor de riesgo añadido para los pacientes diabéticos no tratados, quienes no se controlan, así como para las personas obesas que no hacen ejercicio o para los fumadores.
Puesto que el frío presume un riesgo añadido, en las épocas invernales, hay que aplicar el sentido común. No se puede fumar dos paquetes de tabaco y pretender, solo por abrigarse bien, evitar el riesgo de infarto. Hay que hacer una vida sana y, también, abrigarse bien.
Escrito por angie el 26 enero, 2012

El frío riguroso es una genuina prueba de fuego para el organismo, que puede contraer desde un simple resfrío a una gripe u otras infecciones respiratorias más graves.
No obstante, una parte importante de la población desconoce que el frío también puede dañar directa o indirectamente su corazón, principalmente, si ya padece alguna enfermedad cardiaca previa, como una insuficiencia cardiaca o una cardiopatía congénita.
Un flamante estudio ha demostrado que el descenso de las temperaturas se asocia a un incremento del riesgo de infarto de miocardio.
London School of Hygiene & Tropical Medicine (LSHTM), de Reino Unido, ha publicado en la popular revista ‘British Medical Journal’. La Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha creído conveniente difundir sus consumaciones, con el objetivo de que la población tome precauciones ante la llegada del frío, es apuntar, para que además de abrigarse bien, lleve una vida cardiosaludable durante el invierno.
Así lo propone en esta entrevista Almudena Castro, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital La Paz, de Madrid, y presidenta de la sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación Cardiaca de la SEC.
Las bajas temperaturas se relacionan con las enfermedades o infecciones respiratorias, pero no con la salud cardiaca.
La causa principal por la cual las temperaturas bajas son malas para el corazón es que este órgano está muy ligado al pulmón y, consecuentemente, las infecciones pulmonares pueden afectar a los pacientes cardiópatas.
La primera causa de la descompensación de una patología cardiaca es una infección respiratoria. El frío es malo para el corazón porque las infecciones respiratorias que provoca descompensan las cardiopatías previas. Por esta razón, es importante que las personas cardiópatas se vacunen contra la gripe y el neumococo, a fin de prevenir las infecciones de invierno.
La primera causa de la descompensación de una cardiopatía es una infección respiratoria.
Sí, el frío favorece el mecanismo de vasoconstricción, estrechamiento, de las arterias. Mientras que ante temperaturas altas, para expulsar el calor, se produce una vasodilatación, con el frío, las arterias se cierran para estancarlo y mantener la temperatura corporal.
Las personas más capaces o con mayor afición al frío, a quienes afecta más la vasoconstricción, pueden sufrir un vasoespasmo y, por lo tanto, una angina de pecho u otros eventos.
Es un estudio del Reino Unido, realizado entre 8.000 pacientes. Aunque los resultados no se pueden popularizar, se ha observado que, cuando disminuye un grado centígrado la temperatura media diaria, aumenta un 2% el número de infartos con deceso.